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Miguel Parra repasa su gran momento deportivo como arreglador y jinete

Autor: Caballoyrodeo.cl
Logró la clasificación a Rancagua en el Criadero El Relincho junto a Fernando Guíñez.

Por Julio Fernández Concha

El trabajo de un arreglador de "mancos" corraleros será siempre de constante aprendizaje, de mucha constancia y responsabilidad, trabajo en el que día a día debe entregar lo mejor de sí para lograr objetivos,  y si el arreglo va unido con la labor de jinete, será doble esfuerzo.

Uno de los que realiza ambos trabajos en Ñuble es Miguel Parra Paredes (35 años), quien desde muy joven ha sabido ir capitalizando aprendizajes para desarrollar de la mejor forma sus dos funciones. Hoy vive un gran momento deportivo en el Criadero El Relincho de Johnson Guíñez, clasificado a Rancagua, y pasa la pandemia del Covid-19 trabajando caballos nuevos.

"En este momento estoy preocupado de cuidarme de la situación que se vive, trabajando caballos nuevos y muy tranquilo. Este tiempo ha servido para ir madurando la caballada nueva; a esos les he dado prioridad, ya que por motivos de competencia no se podían trabajar. Ahora hay que correrlos en casa en un tiempo más y ver sus avances", explicó.

Parra contó sus comienzos como jinete: "Me inicié en la casa, corrí como a los 12 años con mi papá. Él tenía una collera de caballos, pero esos los corrían mis hermanos mayores, por lo que yo me dediqué a los estudios. Estudié Educación Física y después ya madurón, a los 21 años, empecé de nuevo a correr hasta que al final picó el bichito. Me hice amigo del tío Luis Molina, papá de Pedro; ellos me ayudaron mucho y me echaron de a caballo, a correr. Me iba donde ellos los fines de semana y seguí aprendiendo. Comencé corriendo en los laborales Pedro Molina".

Luego, sobre su primer compañero, comentó: "Fui a trabajar y correr con don Juan Ortigosa, en Concepción. Me envió los meses de invierno a ayudarle a don Gustavo Valdebenito al Criadero Peleco, donde aprendí un poco más, siempre mirando y aprendiendo. He tenido la suerte de pasar por buenos lados".

Respecto a lo que es hoy como jinete, expresó: "Decir que estoy consolidado como jinete son palabras muy grandes, uno sigue aprendiendo de todos lados".

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Cuando se le preguntó cómo ha sido su paso por los lugares donde ha trabajado, dijo: "Ha sido de mucha amistad, tanto con los patrones como con quienes trabajan ahí. Eso es lo bonito del rodeo, llevo 12 años en mis labores de jinete".

"Con don Juan Ortigosa estuve tres años. Con don Alfonso Bobadilla, dos años; con él llegué por primera vez a un Clasificatorio. Tengo una gran amistad con él, fue muy buen empleador. Estando ahí me llegó una oferta mejor y emigré; ahora con don Johnnson vamos para la tercera temporada", repasó.

"El primer año en El Relincho se completaron tres colleras. El año pasado mi compañero Juan Bahamondes junto a Fernando Guíñez, llegaron a Rancagua con una collera de yeguas trabajadas por mí. Este año se completaron dos, pudiendo ser más, quedaron muy cerca; y de las dos, logramos la clasificación al Nacional en los potros Repunte y Bodeguero. Considero que Dios me ha ayudado mucho en este difícil trabajo, hay arregladores que llevan muchos años y de repente no se les da, no llegan a los Clasificatorios ni al Nacional, y ahí uno encuentra muy complicado esto, pero estoy muy agradecido de todos", añadió.

Con relación a las veces que ha llegado a un Clasificatorio, detalló: "Llevo cinco Clasificatorios consecutivos, en todos muy cerca de lograr el cupo al Nacional, y este año se me dio, es la primera vez. Estuvimos muy cerca de hacerlo con dos colleras, pero no se pudo, la última serie fue muy brava y las yeguas andaban un poquito lesionadas. Yo siempre he dicho que en el rodeo cuando las cosas no se quieren dar, no se dan, y eso pasó".

Su debut en Rancagua lo palpita así: "Si bien es cierto es la primera vez y esa parte está cumplida, hay que ir a cumplir un buen papel, pensando en estar en la Final del domingo. Mi compañero es muy competitivo y eso me da confianza".

También se refirió a sus inicios como arreglador. "La base la tuve con el tío Luis Molina. También aprendí mucho con don José Armando León y don Gustavo Valdebenito en el Criadero Peleco, siempre mirando la manera en que trabajan, mis primeras letras en el arreglo las aprendí con ellos. He tenido mucha suerte, he estado en los Clasificatorios con caballos trabajados por mí. En la medida que avanza el tiempo se han ido dando las cosas", manifestó.

Consultado por lo que privilegia en el arreglo, no dudó un segundo para responder: "La boca, porque para pedirle otras cosas al caballo, como velocidad y postura, debe tener una excelente boca. Pero para lograr ello debe tener una buena crianza y buena amansa. Para ello, ojalá empezar uno el trabajo, no que haya pasado por varias manos; los caballos lo sienten. El caballo debe ser blando, corredor y pegador, especialmente por el tipo de ganado que se corre hoy".

Al cierre de la entrevista, Parra dijo que "quiero darle las gracias a don Johnson Guíñez por la oportunidad que me dio; a mi compañero Fernando Guíñez, por la confianza que han tenido en mí; y mis agradecimientos también a la barra del criadero. Una mención especial para mi señora, que en todo momento me ha entregado su apoyo, y para mi suegra y mi familia".

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